
En un ambiente de profundo recogimiento y a la tenue luz de las velas, nuestra comunidad educativa se reunió en el gimnasio de la escuela para vivir un Vía Crucis sumamente íntimo y conmovedor.
A diferencia de los tradicionales recorridos, esta especial liturgia nos invitó al silencio, a la pausa y a la introspección. Juntos, como familia salesiana, centramos nuestra oración y reflexión en la etapa más sobrecogedora de la pasión: acompañamos de cerca el dolor y la entrega absoluta de Jesús en su crucifixión, culminando con el profundo respeto y silencio ante su sepulcro.
Esta significativa e íntima experiencia espiritual nos permitió hacer un alto en nuestro quehacer diario, conectando desde el corazón con el inmenso amor del sacrificio de Cristo y preparando nuestro espíritu en la penumbra, a la espera de la luz gloriosa de la Pascua de Resurrección.